Colgado en una lámpara, está este poema en mi casa. Lo releo hoy, con furia y tristeza, con esperanza.
Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
!Mañana! Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.
Ángel González
viernes, febrero 27, 2009
porvenir
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Etiquetas: poesía
sábado, febrero 21, 2009
Ungaretti
CANTO QUINTO
Has cerrado los ojos,
nace una noche
llena de falsos huecos,
de ruidos muertos
como de corchos
de redes caladas en el agua.
Tus manos se hacen como un soplo
de inviolables lontananzas,
inaferrables como las ideas,
y el equívoco de la luna
y el balancearse, dulcísimos,
si quieres posármelas sobre los ojos,
tocan el alma.
Eres la mujer que pasa
como una hoja
y dejas en los árboles un fuego de otoño.
LA PIEDAD
1
Soy un hombre herido.
Y yo quisiera irme
y llegar finalmente,
piedad, a donde se escucha
al hombre que está sólo consigo.
No tengo más que soberbia y bondad.
Y me siento exiliado en medio de los hombres.
Mas por ellos estoy en pena.
¿No sería digno de volver a mí?
He poblado de nombres el silencio.
¿He hecho pedazos corazón y mente
para caer en servidumbre de palabras?
Reino sobre fantasmas.
Hojas secas,
alma llevada aquí y allá...,
No, odio el viento y su voz
de bestia inmemorable.
Dios, ¿aquéllos que te imploran
no te conocen más que de nombre?
Me has arrojado de la vida:
¿me arrojarás de la muerte?
Quizá el hombre también es indigno de esperanza.
¿Hasta la fuente del remordimiento está seca?
El pecado, qué importa
si ya no conduce a la pureza.
La carne apenas recuerda
que tuvo fuerza una vez.
Loca y gastada está el alma.
Dios mira nuestra debilidad.
Queremos una certeza.
¿Ya ni siquiera te ríes de nosotros?
Compadécenos entonces, crueldad.
No puedo seguir amurallado
en el deseo sin amor.
Muéstranos una huella de justicia.
Tu ley, ¿cuál es?
Fulmina mis pobres emociones,
libérame de la inquietud.
Estoy cansado de gritar sin voz.
2
Carne melancólica
donde una vez pululó la alegría,
ojos entreabiertos del despertar cansado,
¿ves tú, alma demasiado madura,
lo que seré caído en la tierra?
Está en los vivos el camino de los difuntos,
nosotros somos una riada de sombras,
y ellas el grano que explota en el sueño,
de ellas es la lejanía que nos queda
y de ellas la sombra que da peso a los nombres.
La esperanza de una gran sombra
¿sólo es esto nuestra suerte?
¿Y no serías tú más que un sueño, Dios?
Temerarios, por lo menos un sueño
queremos que sea semejante a ti.
Es parto de la locura más clara.
No tiembla en nubes de ramas
como pájaros de la madrugada
al borde de los párpados.
En nosotros está y languidece, llaga misteriosa
3
La luz que nos aguija
es un hilo cada vez más sutil.
¿Sólo deslumbras matando?
Dame esta alegría suprema.
4
El hombre, monótono universo,
cree acrecentar sus bienes,
y de sus manos febriles
no salen, sin fin, más que límites.
Pegado al vacío,
a su hilo de araña,
no teme ni seduce
más que a su propio grito.
Evita el desgaste haciendo tumbas,
y para pensarte, Eterno,
no tiene más que blasfemias.
Giuseppe Ungaretti (1988-1970)
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miércoles, febrero 18, 2009
El retorno de los miércoles
Hace tiempo que no hablo de los miércoles, sucede que por temporadas pasan a confundirse con el resto de los días, dejan de destacar o yo dejo de hacer que lo hagan; porque lo especial de los miércoles, como de cualquier otra cosa, está en la mirada.
Hoy tengo sensación de miércoles, de ese día de la semana sobre el que pivota algo difícil de explicar, en el que mi mirada sobre las cosas tiene sabor a raíces, a posibilidad, a mi nombre y a una soledad con sentido. Seguro que tú tienes tu día especial de la semana o cualquier otro elemento significativo, y no importa la razón ni tampoco si tiene una base real o simplemente construída por tu voluntad. Lo importante es que ese día o ese símbolo salvador de tu vida regrese cuando le necesitas, y por eso yo celebro hoy su retorno.
Es miércoles 18, un miércoles luminoso que me tiende la mano y me invita.
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lunes, febrero 16, 2009
16:16, un microrelato
Eran las 16:16 horas de la tarde de aquel día. El sol al otro lado de la ventana entraba a través de la persiana, proyectando rayitas iguales de luz sobre la cortina. Ese dibujo del sol la transportaba, desde la infancia, a un sentimiento de hogar que tenía todos los adjetivos que se reunían para ella, como un abrazo, en esa palabra, y toda su historia de luces y sombras. Eran las 16:16 de la tarde y estaba esperando a que llegara la hora, y se sorprendió sonriendo, y disparó.
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contrasentido
NOTAS DE VIAJE, de Nicanor Parra
Yo me mantuve alejado de mi puesto durante años.
Me dediqué a viajar, a cambiar impresiones con mis
interlocutores,
Me dediqué a dormir;
pero las escenas vividas en épocas anteriores se hacían
presentes en mi memoria.
Durante el baile yo pensaba en cosas absurdas:
Pensaba en unas lechugas vistas el día anterior
Al pasar delante de la cocina,
Pensaba un sinnúmero de cosas fantásticas relacionadas con mi
familia;
Entretanto el barco ya había entrado al río
se abría paso a través de un banco de medusas.
Aquellas escenas fotográficas afectaban mi espíritu,
me obligaban a encerrarme en mi camarote;
comía a la fuerza, me rebelaba contra mí mismo,
constituía un peligro permanente a bordo
puesto que en cualquier momento podía salir con un
contrasentido.
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Etiquetas: poesía
viernes, febrero 13, 2009
la inutilidad del calendario
Un simple gesto hoy, cotidiano
como es el abrir una agenda
me ha revelado una necesidad
y un imposible:
¿cómo señalar la pena en un calendario?
¿Dónde anoto mis reuniones con la tristeza?
Citas sin hora de inicio o final
sostenidas entre los días como un compromiso
ineludible, un examen sin temario,
un recado sin lugar, sin precio, sin objeto.
Algo tan simple como abrir la agenda es,
en este momento de ausencia,
la constatación del peso
del paso de los días
de los planes con tachaduras
y los aniversarios sin fiesta...
es la confirmación
de la necesidad de tiempo
frente a la inutilidad del calendario.
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jueves, febrero 12, 2009
Pessoa
Hay un poema colgado en mi cocina desde hace tiempo. Está ahí porque un día llené de poemas colgados mi casa para una fiesta, y con el tiempo algunos de ellos han ido saliendo, otros se han quedado, por la razón que sea, en algunos rincones. Tal vez ellos mismos los han escogido para quedarse, casi invisibles, para sorprenderme un día cualquiera con su relectura distraída, azarosa o no.
Hace unos días me reencontré con el de Pessoa, en la cocina, sobre la pared de pizarra llena de huellas de personas que han pasado por mi vida y por mi casa, de sus regalos de colores y palabras. Sus primeros versos se han quedado en mi memoria y van y vienen estos días. Por eso le dedico este post a ese poema, lo cuelgo en esta segunda casa mía que es este espacio, a la que te invito siempre que me lees.
He pasado toda la noche sin dormir, viendo,
sin espacio tu figura.
Y viéndola siempre de maneras diferentes
de como ella me parece.
Hago pensamientos con el recuerdo de lo que
es ella cuando me habla,
y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo
con su semejanza.
Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.
No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no
pienso más que en ella.
Tengo una gran distracción animada.
Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
Para no tener que dejarla luego.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que
quiero. Quiero tan solo
Pensar en ella.
Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.
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martes, febrero 10, 2009
antes y después
Hay días en los que algo marca un antes y un después. Una decisión, una conversación, una despedida, y al día siguiente te despiertas con la sensación de estar sin estar en el mismo mundo, viviendo en una realidad familiar y extraña, huérfana... como en los sueños inquietantes y tristes de los que te despiertas aliviado, pero sin posibilidad de despertar ni de alivio. Hoy ha sido uno de esos días, en la vida hay pocos y tienen un olor especial que se queda clavado en la memoria para siempre, con cada uno de sus detalles, cada cigarrillo, cada gesto, cada pensamiento, cada palabra dicha, cada lágrima... son días que el alma fotografía sin darse cuenta, porque son días en los que el alma se prepara para la tristeza, en la antesala de un cambio que se intuye inevitable y difícil a la vez. Mañana me despertaré en la cama de siempre, pero será otra; desayunaré lo de siempre, pero me sabrá distinto; caminaré por la calle, y la gente me parecerá ajena, ignorante de la trascendencia de cada instante para mí, de su vacío... Mañana será otro día de algo nuevo, algo que solo el tiempo dirá si mereció la pena, pero que de momento solo estará marcado por un gran vacío, y por la duda y el miedo, y por la huella de ese día anterior que lo cambia todo. Solo lo que sé que permanece me consuela ahora, me ancla a seguir siendo quien soy y a respirar hondo, y a esperar que pasen los días.
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viernes, febrero 06, 2009
delirios sin grandeza
Esta mañana al despertar me he quedado a medio camino entre el sueño y la realidad, de una forma más consciente e instalada en el alma de lo que lo hago otras mañanas. Me he quedado pensativa en ese espacio de duda del primer abrir de ojos, cuando desde la cama intuyo la luz del día en la ventana a la izquierda, y miro -como en un acto de oración heredado de la infancia- el dibujo que cuelga de la pared a la derecha, el de la muchacha de espaldas, que surge de unas raíces sembradas de flores y sostiene el hilo de un globo rojo en la mano. Cada día me debato entre la tentación del sueño, el cerrar de nuevo los ojos para seguir viendo mundos imaginarios y silenciosos, y la llamada de la vida, de las calles, del trabajo, de la gente, del sonido, del movimiento. Siempre me cuesta tanto decidirme... me pregunto si es porque dormida el mundo me parece más bello, más posible.
Por eso hoy me he quedado atrapada en ese delirio cotidiano, en un intento de comprender o expresar el por qué de la persistencia de la duda en mis mañanas, del doloroso placer de sentirme en un espacio sublime y torturador a la vez, mezcla de deseos y miedos, de libertad y servilismo, de creatividad contenida en ese intersticio fugaz y lleno de pereza. Lo único que he logrado es escribir unas palabras en mi cuaderno de la mesilla, y salir adelante como cada día, con el acto de la ducha, el desayuno y el trato con las cosas del mundo. También me he dado cuenta de que miraba con ojos distintos a los de otras mañanas, ojos como de viaje, y he leído versos sueltos, mejorables, en las terrazas de los áticos, en las conversaciones de algunos tenderos, en los locales vacíos por alquilar... y al oír mi propia voz pidiendo una salsa para la pasta fresca o cita con el médico, la he sentido por dentro como un sobresalto, lejana.
Tengo que contar historias, deseo encontrar palabras... las he buscado en el delirio, pero me he quedado soñadora sin rumbo en la realidad. El universo del sueño reivindica su silencio cuando le reclamo en el mundo, se reserva las palabras o requiere de una llave especial, de un genio o una disciplina que, sinceramente, dudo si poseo. Y resulta que los delirios que me llenan por dentro en las mañanas extrañas no tienen luego la grandeza que prometían... o tal vez debo seguir buscando, o buscando en otra parte, o de otro modo.
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viernes, enero 23, 2009
miércoles, enero 14, 2009
mi sonrisa
Hace un tiempo un amigo me dedicó unas bellas palabras en forma de poema... aquí (que sé que puedo saltarme las normas de la discreción sin riesgo de que se entere) y hoy (que es su cumpleaños) voy a postearlo:
Siempre que llueve, sobre todo internamente
aparece tu sonrisa...
entre sombras y dudas,
entre lo mojado y lo fertil,
entre las nubes que roban el alma
y las bifurcaciones del camino que desvían las buenas intenciones...
siempre acaba apareciendo tu sonrisa.
y me recuerda que a pesar de todo
es bello vivir. Simplemente.
cuídate. y sigue sonriendo.
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martes, enero 13, 2009
soneto
El lugar del mal de amor es un paisaje
abrupto, silencioso, recordado,
delirio inevitable del viaje
a la geografía de un sueño ajado,
al imposible país sin fronteras
del impensable espejo sin fracaso.
Es una tierra de brumas y cuevas,
de rocas hirientes y acantilados,
o un lejano perfil de altas montañas
que protegen a sus secretos lagos
en el abrazo mortal de sus entrañas.
El mal de amor es un lugar con amo,
bella y maldita razón del alma,
viajera por amar y siempre amando.
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lunes, diciembre 29, 2008
Dolores se fue con María
Dolores lleva en el nombre
dos palabras de verdades,
el dolor y los olores
el espíritu y la carne,
que cuando digo su nombre
Dolores me huele a calle,
a sol de verano en Andújar,
a Jaén cruzada en valles,
a historias de amor en la Sierra,
a la madre.
Dolores tiene el aroma
de la vida y de la sangre.
El dolor, en singular,
hoy se voló por los aires
y nos dejó la fragancia
del patio de claridades,
en donde habita su nombre
y que me huele a azahares
andaluces y rebeldes,
olorosos como panes,
que Dolores es un siempre,
un nombre de despertares.
Poema a la muerte de mi tita Dolores, el día de Navidad de 2008, un día extraño.
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viernes, diciembre 19, 2008
recuerdo atrofiado
Leyendo esta tarde a Juan Ramón Jiménez, descubriéndolo en muchos sentidos, he encontrado un texto que he sentido la necesidad de compartir, para que el eco que ha creado en mi alma resuene fuera también y, quién sabe, tal vez a alguien más le haga de espejo de algo...
recuerdo atrofiado
Cada día lo dejaba para el siguiente. Era un recuerdo que no quería dejar de recordar bien, y que nunca tenía tiempo de recordar a mi gusto, y no lo quería recordar mal, y no lo recordaba.
Yo estaba tranquilo porque sentía que el recuerdo estaba en mí seguro recordándose solo, como algo material que interceptaba sin mi voluntad el paso del borrador olvido. Como cuando se hace un nudo en un pañuelo, se había hecho en mi memoria día tras día un nudo.
Un día en que tuve el tiempo, me eché en mi sofá ocioso, como suelo en estos casos, a recordar mi recuerdo. No lo pude recordar ya. Estaba en mí, pero duro, seco, pesado, como un mendrugo, un hueso, un callo del pensamiento, dolor fósil, como un obstáculo inútil del olvido.
Juan Ramón Jiménez , en Cuentos largos.
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martes, noviembre 25, 2008
25 de noviembre
Este 25 de noviembre es especial, es un aniversario que se vuelve circular, pues celebra una especie de retorno al punto de partida. Se cumplen 3 años de un final que conecta con un incio 3 años antes. 6 en total... solo números para hablar de un sentimiento de distancia
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sábado, noviembre 01, 2008
mata
Mata el hambre, la sed
la herida,
Accidente
incomprensible del alma
Radical, sin
querer y queriendo demasiado,
Tormenta de una noche
en espiral suicida
Abandonada a un final,
sin remedio.
ilustración: Telmolindo
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lunes, octubre 20, 2008
18 de octubre
Ayer cumplí treinta años. Era sábado y los bosques en el Empordà olían a una suma infinita de fragancias, húmedas y penetrantes. Puedo cerrar los ojos y sentirlas, una a una, sin necesidad de ponerles nombre; hace mucho tiempo que esos aromas y yo nos conocemos, y tantos otros. No son un aire cualquiera que se comporte como lo haría el aire común que se respira. Éstos entran por la nariz y desde allí suben rápido a la sien (vibran dentro de ella, tanto que a veces obligan a cerrar los ojos), a la vez que bajan al pecho por el lado del corazón, y eso se sabe porque lo aceleran cuidadosamente. Yo tengo la certeza de que esos olores en la vida han acudido a buscarme y se me han ido instalando e inventariando, de forma nada aleatoria, en algún lugar del alma (si es que “alma” es sinónimo de “bien adentro"), y cada reencuentro con uno de ellos es una llave, la misma y siempre distinta, hacia un sentimiento esencial y siempre nuevo. Tienen algo de parecido a los sueños.
Cuando acudo, a veces por puro placer, otras por necesidad o por accidente, a uno de esos olores, entro en un terreno de la percepción y del recuerdo que implica a los cinco sentidos y que nada tiene que ver con una memoria sencilla de las cosas o los hechos. El olor de mi aula de parvulario, por ejemplo, es azulado y sabe a pan y leche. Es dulzón, mezcla de plastidecor y pañales, y tiene algo de profundamente mío. Es tal vez por esa razón que me he cruzado con él de forma especialmente repetida en estos treinta años. La última vez sucedió en la sala de espera de mi traumatólogo, y me di cuenta de que todavía le tenía un cierto miedo a la soledad. Y digo “cierto” porque en realidad ese olor me gusta y me hace sentir valiente, aunque he de admitir que sigo teniéndole respeto al desafío de hacerme compañía. Creo que esa es una de las razonas por las que escribo.
Y, en cambio, es la primera vez que describo alguno de esos olores que perfuman mi biografía. No resulta fácil hablar de uno mismo en estos términos. Sin embargo, hoy me siento especialmente cerca de lo que me revelan esos olores y podría escribir, por ejemplo, sobre uno que tengo especialmente instalado en el alma. Es el aroma que desprendía cuando volvíamos de vacaciones el piso donde me crié, que es lo más parecido a un abrazo. Me encantaba ese momento en el que mi padre (no sé por qué diría que siempre abría él la puerta) entraba con las maletas y mi hermana y mi madre le seguíamos, y yo me quedaba parada en algún lugar, invadida por ese olor a madera y a silencio, de un amarillo muy cálido y con sabor a sopa caliente. Desde entonces siempre me paro a oler la vuelta a casa después de un viaje (y he tenido ya algunas casas después de aquella, y muchos viajes) y aunque el olor no se repita idéntico, sí lo hace el abrazo y el amarillo cálido con sabor a sopa caliente. Y ese es para mí el olor del regreso.
Pero ayer cumplí treinta años y algo en mí surgió, renovado. El bosque que rodeaba el lugar donde celebré mi fiesta olía igual que aquellos juegos infantiles en la casa que tuvimos en la Costa Brava, cuando me hacía cabañas entre las encinas y los pinos, y preparaba comidas con madroños. Me invadió de nuevo y me abrió de par en par, como las compuertas de una presa. Tal vez lo favoreció el azar de la lluvia, pues ese olor en mi recuerdo está mojado, recién llovido, cargado de una sensación verde de aventura y comienzo, y que ayer volvió a mí desprovista por primera vez de la melancolía; porque todos estos olores en mi alma han tenido siempre algo de melancolía, que es la suma del placer y el dolor que se convocan en el encuentro de una memoria divagante como la mía consigo misma, con el espejo del cambio.
No me asusta el cambio, lo celebro. Es domingo y respiro intensamente este instante, que es anaranjado y huele a papel de post-it mezclado con el suavizante de mi ropa. No estoy sola. Soy feliz y mañana será lunes y seré yo, con aroma a comienzo.
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lunes, junio 30, 2008
paréntesis
Te escribo poco últimamente, seguramente por dos razones: tengo menos tiempo y, en mi tiempo libre, estoy menos sola, con la parte mejor y peor que eso tiene. Porque la verdad es que estar solo puede ser muy positivo cuando hace que lo que se te pasa por la cabeza o por el alma con ganas de ser compartido salga igual pero de otra forma, como por ejemplo en un post.
Me hace pensar en que tenemos una especie de tope en nuestra capacidad de compartir, y que cuando en algunos momentos se llega a ese tope por unas vías, las otras quedan como entre paréntesis, siempre disponibles pero menos concurridas por esa suma de factores.
Este post no es para nada una disculpa, porque la ventaja que tiene mi blog es que nadie me pidió nunca que lo creara ni me pide que lo mantenga. Es un post no-post, un silencio explicado con algunas palabras que no son más que una visita, un saludo a mí misma y a esta parte de mí que es miércoles18 y a la que siempre me gusta volver como quien regresa a casa.
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domingo, junio 22, 2008
el canto del cisne
Hace tiempo un amigo me pidió que escribiera un texto sobre el "antiapocalipsis" para una revista online llamada Chichi&Co que, creo, no llegó a publicar su segundo número...
Me autopublico entonces ahora que me ha venido a la memoria revisando documentos de entonces, poco antes de crear este blog.
EL CANTO DEL CISNE
Busquemos algo bueno, no en apariencia, sino sólido y duradero, y más hermoso por sus partes más escondidas; descubrámoslo. No está lejos: se encontrará; solo hace falta saber hacia dónde extender la mano; mas pasamos, como en tinieblas, al lado de las cosas, tropezando con las mismas que deseamos…
Lucio Anneo Séneca
(4 a.C.–65 d.C.)
Las primeras líneas de mi texto las quiero consagrar al aviso de que no tengo grandes conclusiones, de que no hay una tesis que justificar; más bien se trata de compartir algunas ideas que, alrededor de un tema tan oceánico como el antiapocalipsis, se me venían desordenadas y perdidas a la cabeza estos días.
Y es que la propuesta me parece de una ambición considerable, porque al fin y al cabo, es como reflexionar sobre algo así como “el estado de ánimo del mundo”… ¡complicada tarea para una mente dispersa como la mía!
Así que cuando decidí participar del reto me puse a pensar un rato, a ratos, a mirar distinto, a leer un poco, de unos pocos… y aunque seguía sin conclusiones ni tesis, me di cuenta de que el mundo, o al menos el mío, estaba lleno de señales antiapocalípticas y que por tanto tenía que encontrar la forma de compartirlas con vosotros.
La primera cosa en la que estuve pensando fue curiosamente en la astrología. Me contaron hace poco que se está produciendo el paso de la era pisciana (regente en los últimos 2160 años) a la acuariana, propiciada según google por una nueva frecuencia que afecta al planeta llamada la “banda fotónica de Alción” y que además coincide con un fenómeno puramente astronómico de retrogradación de un tal “punto vernal” llamado Gamma... (hasta aquí no hemos entendido nada, estoy de acuerdo). Si la era pisciana ha sido la del poder, el control, los miedos, la codicia, la violencia o la adicción, la acuariana será la de la ruptura y la liberación, la del libre albedrío y el amor.
El tema es que nosotros estaríamos justo en medio de las dos (no se ponen muy de acuerdo sobre las fechas), así que por un momento me pareció que tenía cierto sentido hablar de un supuesto cambio de era atrológica/astronómica como responsable de estos tiempos antiapocalípticos en los que andamos como perdidos buscando señales, guías, evasiones, inspiraciones, rupturas … y en los que tanta gente se acerca (en el mejor de los casos) a grupos místicos, agrupaciones New Age o técnicas orientales de todo tipo. Parecía que la cosa cuadraba bastante; no sé qué os parecerá a vosotros…
Pero a mí, y tal vez por un exceso de racionalidad (o falta de fe), me hacía sentir algo incómoda la idea de defender esta teoría sobre la actitud antiapocalíptica, puesto que tampoco es la que practico yo, que soy en general bastante reacia a los credos de cualquier tipo. Así que me tomé un día de reflexión entre libros (enfermedad imaginaria para los amigos y menos imaginaria para mis jefes) para hurgar un poco a ciegas entre otras posibles ideas que compartir con vosotros. Este viaje fue más placentero e inspirador, pero tampoco me llevó a grandes respuestas y, como todo viaje desordenado a la inmensidad de los libros, me dejó un poco con hambre. Pero me paseé entre poetas, filósofos, místicos y otros publicadores de algo, y anoté algunas ideas útiles y pasé por muchas otras más o menos interesantes.
Por ejemplo, lo primero que anoté fue una cita del poeta Roberto Bolaño en una entrevista para la revista Quimera , donde afirma que el sueño es como el psiquiatra que cada noche te está curando. Me llamó la atención esa idea, porque siempre he pensado que dormir es una actividad fantástica de la que hablamos poco, un descanso de uno mismo y del mundo que ofrece una verdadera salvación a ciertos días de apocalipsis. Una oda al dormir (y la libertad de los sueños) como emblema del antiapocalipsis me pareció también un buen tema del que hablaros; y hasta pensé en un posible video en el que varias escenas de violencia, de miedo, de tristeza, etc. fueran intercaladas con escenas de plácido sueño, como ese paréntesis universal en medio de cualquier situación de fin de un mundo... Luego pensé que los desastres ecológicos no duermen de noche, y que a veces se tienen pesadillas, y que siempre nos acabamos despertando… y por eso me quedé solo con la frase de Bolaño.
Después di un paseo y hacía un día precioso, y me di cuenta de cómo las calles, los portales, la gente, los detalles más pequeños, podían convertirse en una colección de señales del antiapocalipsis; y pensé en un posible reportaje de fotos, de pequeñas situaciones que me sorprenden a veces y que me parecen positivas y esperanzadoras: la floristería de la esquina, el viejo “loco” que canta ópera en una placeta de Gran de Gràcia, el sol entre las hojas de un árbol, los voluntarios de Oxfam tenaces a la salida del metro, la señora que me pide que le alcance una lata de berberechos demasiado alta en el colmado… de repente me di cuenta de que el día estaba lleno de cosas que me parecían antiapocalípticas, y también de que no es porque lo fueran especialmente, sino porque yo las veía así; por eso me dije que tal vez era algo demasiado personal.
Así que volví a los libros, y esta vez me incliné por títulos bien serios como El fin de la modernidad de Giani Vattimo, o El fruto de la nada del Maestro Eckhart, y algo de Sabater sobre el siglo XXI y de Amador Vega sobre el nihilismo… en fin, que me metí en camisa de once varas porque todo resultaba demasiado complejo y disperso. Anoté algunas cosas, pero pensé que os aburriría y me aburriría a mí misma hablando del fin de la historia según Gehlen o Heidegger, o de la idea de la pobreza de espíritu de las bienaventuranzas según Eckhart… estaréis de acuerdo conmigo (o lo hubierais estado).
Y justo entonces, cuando me sentía del todo desorientada y a punto de desistir, di con Sócrates, con su biografía y con la mítica escena de su muerte, que relata Platón en El Fedón. Regresé gracias a ese libro a la anécdota del canto del cisne, que leí hace muchos años, y me pareció una imagen preciosa de la actitud antiapocalíptica que andaba buscando, y pensé que aunque no sabía qué contaría en mi artículo, acabaría mi texto con ella (suele pasarme que me motiva más pensar en el final que en el principio de ciertas cosas). Os cuento: Se decía en la antigua Grecia que los cisnes entonan sus más intensos y bellos cantos antes de morir , y no sé si es o no verdad, pero Platón lo usa como ejemplo de la muerte de Sócrates, de su actitud positiva y valiente ante el final, ante su propio apocalipsis.
Pensé que me gustan los finales que no se angustian, los que se rinden homenaje, los que se rebelan contra las falsas consolaciones y no necesitan promesas, ni se condenan. Me gusta pensar en los finales por adelantado, porque en el final de las cosas está muy a menudo su máximo interés, y porque el apocalipsis sucede cada día, y cada día sucede lo contrario. La vida tiene menos que ver con los principios que con la dignidad de los finales .
SOBRE LA AUTORA
Nací un miércoles de octubre hace más o menos veintiocho años y me llamaron Belén. Desde entonces, me dedico al tan interesante como inevitable (según el día) oficio de vivir conmigo; y me encantan los miércoles, y hasta mi nombre.
Curiosa empedernida, madura a ratos, romántica desencantada, sincera sin remedio, solitaria a regañadientes, impaciente, amante de las palabras y de ciertos silencios, amiga de lo relativo y de mis amigos, una de las pocas cosas absolutas.
Me encantaría pasarme el resto de mi vida viajando, buscando, descubriendo, compartiendo, escribiendo… todo eso que a veces me parece que solo hago a ratos, a medias; pero que va conmigo como mi nombre, como los miércoles.
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Camille
Ya que ayer me perdí un gran concierto, conjuro mi rabia con un post... más vale tarde que nunca. El año que viene no me pierdo lo bueno del Sónar, prometido!
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