martes, marzo 25, 2008

paradox



Hace solo dos años que en mi día a día no está Paradox y volver a verle es un poco como encontrarse con un ex-algo, de esos que no se olvidan porque no se quiere. De Paradox conservo en mi alma lo mismo que me llevó a quedarme con él cuando le vi por primera vez, su mirada tan noble y el profundo sentido de paradoja (curioso que llevara ese nombre) que acompañó, sobre todo al final, mi paso por el mundo de la doma y su disciplina... mi paso por el mundo y sus disciplinas en general.

Con Paradox descubrí que mi amor por los caballos estaba muy por encima de mi deseo de someterles a una exigencia de perfección; entendí que su belleza era justamente su libertad, su presencia, su exisitencia sin más. Entré en la contradicción de tenerle encerrado y querer soltarle, de sentirme dueña de algo que no me pertenecía... así que le vendí, sí... vendí a Paradox y se convirtió en mi ex (estaría bien poder venderles a todos, sacar algo a cambio al menos!!). Él me regaló mi libertad (mis viajes, mi independencia) y yo le devolví de alguna forma la suya poniéndole en las mejores manos posibles, las de otra joven como fui yo entonces, enamorada de sus ojos pero más libre de paradojas.

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